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Cuando el escenario lo es todo: Inspiraciones de la saga REC

A principio del mes de octubre, el director de cine Jaume Balagueró exhibió la última película de la saga cinematográfica “[REC]”, en el 47 Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña en Sitges (Barcelona), con la presentación de “[REC 4] Apocalipsis”.

En esta entrega la acción comienza en el momento en que Ángela Vidal (Manuela Velasco), la única superviviente de la terrible infección, es evacuada del edificio donde la segunda película lo deja. Cuando por fin la situación parece estar controlada, el caos vuelve a desatarse y la semilla del mal renace adoptando nuevas y terribles formas, esta vez en aguas algo más profundas, y es que las situaciones angustiosas y claustrofóbicas se vuelven a repetir, con el inconveniente de que en alta mar es más complicado recibir ayuda…

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Y es que los directores de la saga, tanto Jaume como Paco Plaza han ido trasformando la serie y dándole un punto de vista diferente, no sólo en el argumento, sino en la forma de rodarla, pues si las primeras dos tuvieron mucha “cámara al hombro”, la tercera fue paulatinamente abandonándola para presentarnos una última entrega con más planos “de cine convencional” dentro de la narrativa, como nos explicó Jaume:

“Cambia mucho el concepto… Cuando se hizo la primera, aquello que era novedoso, original y rompedor, ahora es algo ya agotado… Hay miles de películas rodadas así y no queríamos entrar ahí… A mí me ha resultado más difícil y menos divertido porque esto era cortar y volver a empezar, lo otro era más instintivo”.

Este cambio lo justifica diciendo que esta película es diferente a las otras, por lo tanto ha sido para reinventarse, aunque manteniendo siempre el espíritu y a la línea argumental de la saga:

“Ahora miro la saga completa y claramente no tiene nada que ver una con otra”.

Y es que rodar en un barco pesquero oxidado ha supuesto un plus de dificultad al proyecto, por lo que tanto el equipo técnico como los actores han tenido que adaptarse nuevamente a las inclemencias del guión, ajustándose todos ellos a un entorno diferente donde el espacio está muy limitado, es estrecho, ferroso y con una atmósfera muy opresiva, pero que a la cinta le viene como anillo al dedo.

Y no hay que olvidar que la ambientación en este tipo de películas es un elemento clave, y si no aquí tenéis varios ejemplos de donde un buen escenario lo es (casi) todo:

Alien, el octavo pasajero (1979, Ridley Scott)

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Quién no recuerda esa nave espacial surcando el universo, donde el silencio y el frío son los compañeros de viaje. Sus pasillos cerrados y claustrofóbicos con un punto muy socorrido para que las más terribles formas los utilicen. O la terrorífica nave de Horizonte final (1997, Paul W.S. Anderson) donde aquí la propia nave es el monstruo.

Ghost Ship (barco fantasma) (2002, Steve Beck)

Como vemos, el mar siempre encierra misterios, y es que divisar la figura de un barco fantasma en plena noche es algo terrible, pero tener que entrar en él para refugiarte puede ser el mayor temor que un naufrago puede vivir, sólo superado por el mayor miedo del mar, los tiburones, como los que se encontraban en las instalaciones experimentales de Deep Blue Sea (1999, Renny Harlin), y es que jugar a darles más inteligencia a las peores bestias del mar nunca ha sido buena idea.

Poltergeist III (1988, Gary Sherman)

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Hasta los más modernos edificios encierran sus propios misterios, que se lo digan a la pobre niña de esta saga, que sufre más de una calamidad encerrada en el edificio. Aunque bastante comparable al que sufren los usuarios del ascensor maldito en La trampa del mal (2010, John Erick Dowdle), donde nada es lo que parece (ni nadie).

13 fantasmas (2001, Steve Beck)

De casas encantadas el mundo del celuloide está lleno, pero que además tengan fantasmas y quieran hacerte daño… caro que si eso no te da miedo quizás tener encerrado a un demonio en tu sótano… como en Posesión infernal (2013, Fede Álvarez) te haga estremecer en la butaca de tu cine.

Demons (1985, Lamberto Bava)

Y es que el miedo no respeta ni las salas de cine. En la oscuridad de la proyección pueden encerrarse los mayores temores, bien como seres diabólicos ocultos desde hace milenios en una máscara o bien como asesinos en la recreación de un acto terrible, como en Scream 2 (1998, Wes Craven). Vigila a los que te rodean, puede que tus acompañantes te hagan pasar más miedo que la propia película.

Silent Hill (2006, Christophe Gans)

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El terror a lo grande viene cuando te encuentras solo en medio de una ciudad fantasma donde parece que dios nunca ha pasado por allí, como sucede en esta película, o más terrible es descubrir que debajo de tu ciudad existe un complejo científico donde trabajan con experimentos que se les han ido de las manos, caso de Resident evil (2002, Paul W.S. Anderson).

David Moya

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