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Hoy día, el mundo de los videojuegos y del arte apenas están separados por una delgada línea. Cada vez son más los desarrolladores que le dedican más tiempo a la parte artística, o te ponen una jugabilidad un tanto ‘extraña’ para transmitirte algo más mientras juegas. Ya no se busca solamente el mero hecho de entretener al jugador, o contarle una historia que lo enganche. Ahora muchos buscan y piensas formas de transmitir al jugador el concepto que tiene el diseñador del juego, ya sea mediante un dibujo muy elaborado, una banda sonora a la altura de grandes películas y producciones, la cual influye directamente en el juego, o con una jugabilidad que puede calificarse como un poco rara.

Empecemos hablando sobre los videojuegos que destacan por su apartado visual. Estos juegos se intentan acercar al concepto de ‘arte’ a través de la forma más lógica, los gráficos. El aspecto visual de un juego puede ser todo o nada. Dependiendo del estilo y técnica empleada en el dibujo, un mismo juego puede transmitirnos cosas completamente distintas. Un ejemplo es el Okami, un juego donde predomina ante todo lo demás, el dibujo y diseño del juego. Con un dibujo inspirado en la acuarela y en el grabado sobre madera japonés, nos transmite muy bien todo el concepto de naturaleza asociado a Amaterasu, la cual debe restaurar su entorno. Este juego no hubiera sido igual si hubiera tenido unos gráficos realistas.

El dotar a un juego con un diseño original y artístico no sólo sirve para definir el tipo de juego, sino para ayudar a optimizar el juego. No todos los estudios pueden permitirse el nivel gráfico de DICE con su Frostbite, así que muy a menudo, se recurre al arte para suplir la falta de realismo. Esto es un recurso muy utilizado por estudios indies. Juegos como Flower o Journey, ambos creados por el estudio Thatgamecompany, se sirven de su apartado visual para darle una jugabilidad especial a su juego. Está claro que juegos como ésos buscan transmitir algo más, algo más que los videojuegos de a pie. Son juegos que están más enfocados en que disfrutes viendo el paisaje que jugando. Por eso quizás son para un público más especializado y no son los típicos juegos que baten récords de ventas.

También contamos con juegos que no sólo cuentan con un gran apartado artístico, sino con uno musical igualmente de bueno. Juegos que con su música nos guía, nos dan pistas e incluso influyen directamente en la jugabilidad. Todos conocemos muchos ejemplos de juegos que nos han cautivado con su banda sonora, como los Halo, Final Fantasy o Elder Scrolls, todo sagas con una banda sonora impresionante. Sin embargo, no influyen directamente en el juego. Un ejemplo de lo contrario es el Shadow of Colossus. El juego tiene una banda sonora orquestada, magnífica y súper épica, la cual sólo se oye durante los encuentros con los colosos y cortes de escena. En el resto del juego sólo oyes el ruido que hace tu personaje, su caballo y demás animales del mapa. Con esto, consiguen que cada vez que empieza a sonar la música, alertan al jugador de que algo importante está pasando, y mediante el volumen de ésta, te dan pistas sobre si estás acertando en tu planteamiento para derrotar al coloso. Es un claro ejemplo de cómo la música cobra una mayor importancia en el juego que la que estamos habituados.

Y por fin llegamos a los juegos que, aparte de servirse de todo lo anterior descrito, vienen acompañados de una ‘extraña’ jugabilidad, la cual dista años luz de todo a lo que estamos acostumbrados. Juegos que en vez de ser peliculeros, como Uncharted o Gears of War, son directamente una película, como Heavy Rain o Beyond: Two Souls. Sacrifican elementos jugables imprescindibles en otros juegos, para enfocar el juego de una forma totalmente distinta. Con Heavy Rain o Beyond: Two Souls, nos encontramos con juegos diseñados como si de una película interactiva se tratase. No buscan tanto el entretenimiento del jugador, como contarte una historia, en la que según lo que hagas puede suceder una cosa u otra. Te quitan libertad a la hora de juga, para darte una libertad en la historia, pudiendo influir en ésta con lo más mínimo que hagas. Muy distintos a la mayoría de los juegos que tienen una historia de principio a fin inmutable, o como mucho dos o tres finales, pero sólo eso. Sin embargo, Quantic Dream nos tiene acostumbrados a bifurcar el camino mucho antes del final, pudiendo llegar a tener más de 20 finales distintos. Son juegos con muchísima carga argumental, enfocados totalmente a contarte su historia variable.

También podemos encontrar juegos con una jugabilidad muchísimo más enrevesada, la cual solo es un medio para transmitirte distintas sensaciones. Flow, por ejemplo, es un juego con una música y estética minimalista. Todo eso sumado a su simple jugabilidad, ausencia de menús y demás cosas que puedan distraer al jugador, consigue transmitir una sensación de simplicidad y calma al jugador. Nada más simple que un juego donde comer o ser comido, como la vida misma. Otro ejemplo es el The Polynomial, creado por Dmytry Lavrov, el cual camuflado en un juego de acción espacial te lleva por escenarios creados mediante funciones matemáticas y que se mueven según la música que suene. La música por supuesto, puedes elegirla tú mismo y dedicarte a explorar y matar al ritmo de tu música favorita. Todos los escenarios están dotados de miles de partículas con miles de colores distintos y uniéndose de miles de formas. Un juego súper colorido, psicodélico y visualmente impresionante, hecho para que literalmente “flipes en colores”.

Para finalizar y a modo de conclusión, podemos decir que todos los elementos descritos anteriormente son ejemplos de cómo y por qué enfocan ciertas desarrolladoras sus juegos de un modo más artístico. Creo que todos podemos estar de acuerdo en que los videojuegos son una forma de arte, al igual que las películas, libros o pinturas. Los videojuegos llevan un poquito de cada uno, pero aún así hay que diferenciar entre videojuegos y videojuegos artísticos. Los esfuerzos en la creación de los segundos, están más enfocados a transmitir sensaciones, sumergir al jugador en el juego o desprender originalidad por los cuatro costados. Por eso, aunque todos los juegos puedan ser considerado arte, hasta los mejores tienen que ser diferenciados entre obra maestra y obra de arte. Son dos cosas que aunque puedan ir juntas, no tienen por qué. Podemos decir que consideramos videojuegos artísticos a los videojuegos poco convencionales, originales y con puntos fuertes totalmente distintos a los que se le suele exigir a un videojuego convencional.

Por último, me gustaría recomendaros algunos de estos videojuegos artísticos de los que hemos estado hablando. El primero, y sin duda alguna, la mayor expresión artística que he visto en un videojuego, es el Shadow of Colossus. Un juego que no sólo es una obra maestra, sino una obra de arte que consigue transmitirte mucho más que otros juegos con apenas seis líneas de diálogo durante todo el juego. Sus increíbles escenarios y calidad gráfica para la época, su original jugabilidad, simple y compleja a la vez, y su impresionante banda sonora lo convierten en uno de los mejores juegos de la historia sin duda alguna. La sensación de grandeza que te dan los colosos no lo he visto en ningún otro juego. Consiguen de verdad que temas a las alturas.

Otro juego, también muy bueno, es el indie Braid. Es un juego que trata de resolver puzzles físicos en un escenario al más puro estilo del Super Mario Bros. Puedes hacer retroceder el tiempo cuanto quieras para enmendar acciones que no te hayan parecido buenas para resolver el puzzle. Los escenarios son preciosos, parece que te estás moviendo por un cuadro expresionista. La música por lo general es tranquila y relajada, pero al poder “viajar” en el tiempo, la música también se escuchará al revés o incluso acelerada hacia delante. Un juego muy original digno de darle una oportunidad.

Hay muchísimos más, como Patapon, Gravity Rush, Rayman Legends, Dear Stear, Fez, el recién salido Rain para PS3 o el Big Bang Mini de NDS. Son juegos que apuestan por la originalidad, diseño y música. Un soplo de aire fresco entre tantos juegos clónicos.

 

Víctor Domínguez

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